HOY ESCOJI SER FELIZ


HOY ESCOJI SER FELIZ

 

Hoy es un día gris

pero yo escojo ver el brillo que hay en mi,

hoy escojo sentirme feliz,

hoy escojo sonreírle con agrado al del espejo,

hoy amanecí con ganas de querer,

hoy quiero quererme a mi!!

No me puse zandalias, porque es un día de lluvia,

de lluvia invernal, pero caminaré,

caminaré como si mis botas sonaran

y dejaran un eco en el caminar,

caminaré, se que llegaré a mi destino.

Hoy amanecí feliz con mi vida,

porque aunque he sufrido y he llorado,

también me he endulzado con las mieles de la vida, 

porque todo lo que he vivido

me hace ser, el ser, que soy hoy.

Hoy escojo ser mejor conmigo mismo,

hoy escojo aprender de lo malo y recordar lo bueno,

hoy escojo elegir quienes entran en mi vida,

hoy escojo ser feliz con mi.

YO

del día a día,

hoy escojo quererme primero a mi,

para luego poder querer a alguien más.

Hoy escojo, en este día lluvioso,

ver el sol que esta detrás de esa nube gris,

aunque no lo vea no significa que no esté allí,

hoy escojo ver la luz que está conmigo

no la que está al final del camino,

hoy escojo pasar por Google

sin olvidarme de buscar melodias para ti.

Hoy escojo ser la cura para mi triste corazón,

hoy escojo no llorar porque terminó,

escojo ser feliz porque sucedió,

hoy escojo pasar esta página

porque en el libro de mi vida

faltan aún muchas páginas por llenar,

Escojo llenarlas de FELICIDAD

Porque mi destino son mis logros

mi trayecto…

¡La felicidad!

Enrique Ibarra@

ELEGÍ LA VIDA

CUANDO EL AMOR ENMANA DE TI

ELEGÍ LA VIDA

 No quise dormir sin sueños:

y elegí la ilusión que me despierta,

el horizonte que me espera,

el proyecto que me llena,

y no la vida vacía de quien no busca nada,

de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

 

No quise vivir en la angustia:

y elegí la paz y la esperanza,

la luz,

el llanto que desahoga, que libera,

y no el que inspira lástima en vez de soluciones,

la queja que denuncia, la que se grita,

y no la que se murmura y no cambia nada.

 

No quise vivir cansado:

Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,

el camino sin prosas, compartido,

y no parar nunca, no dormir nunca.

Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,

y llegar más lejos,

habiendo disfrutado del paisaje.

 

No quise huir:

y elegí mirar de frente,

levantar la cabeza,

y enfrentarme a los miedos y fantasmas

porque no por darme la vuelta volarían.

 

No pude olvidar mis fallos:

pero elegí perdonarme, quererme,

llevar con dignidad mis miserias

y descubrir mis dones;

y no vivir lamentándome

por aquello que no pude cambiar,

que me entristece, que me duele,

por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.

 

No quise vivir solo:

y elegí la alegría de descubrir a otro,

de dar, de compartir,

y no el resentimiento sucio que encadena.

Elegí el amor.

 

Y hubo mil cosas que no elegí,

que me llegaron de pronto

y me transformaron la vida.

Cosas buenas y malas que no buscaba,

caminos por los que me perdí,

personas que vinieron y se fueron,

una vida que no esperaba.

Y elegí, al menos, cómo vivirla.

 

Elegí los sueños para decorarla,

la esperanza para sostenerla,

la valentía para afrontarla.

 

No quise vivir muriendo:

y elegí la vida.

Así podré sonreír cuando llegue la muerte,

aunque no la elija…

…porque moriré viviendo.

 

Rudyard Kipling.

TE REGALO MIS OJOS

TE REGALO MIS OJOS

 Te regalo mis ojos

para que mi luz se adentre en tu morada,

para que atraigas corazones cálidos y rosas.

Y por si este invierno pasa lento.

toma también mis brazos.

Rodéate de ellos en las noches frías y en los días

que no entra el sol por tu ventana.

Te regalo mi alegría

para mecer tus labios y teñir tu rostro de risa fresca.

Quédate hasta el último de mis alientos

para declarar la guerra a la tristeza,

para que se desvanezcan el dolor y la nostalgia.

Y si resguardarte tras mi cuerpo

te ahuyenta el miedo,

te cargaré a mi espalda sin dudarlo.

Bebe del dulzor que hay en mi boca,

fruto de los cielos azules de mi infancia.

Te regalo mi infinita paciencia

para que no veas en la prisa un camino conveniente.

Déjate seducir por mis palabras,

aun en tiempos de silencios.

Y, si aún así, el ansiado consuelo no llega,

te cedo mi capacidad de soñar

para matar la realidad que te desvela.

 

ASUNCIÓN POLO

-En el nombre del Amor-

Poesía mística

Siempre te esperé, mi Amor,
y te busqué por todos los confines de la tierra.
Siempre te amé, mi Amor,
y esperé siempre tu abrazo en mi alma.
Busqué y desesperé como intrépido corazón enamorado,
Tropecé, caí por abismos nunca por mí imaginados.
Contemplé, amé y acaricié rostros,
con la esperanza de poder amar al tuyo, al anhelado…

Y en lo más hondo del abismo en el que me sumergí

contemplando en las aguas turbulentas mi propio rostro,
mi corazón saltó en la eternidad, y lágrimas de felicidad
surcaron mi rostro cansado y arrugado por el tiempo.
No contemplé mi rostro, sino el tuyo, Amor,
que con un guiño de complicidad me ofrecías tus manos.
Yo las tomé, y apreté tan fuerte, que mi rostro, y mis manos
Uno fueron, y abriendo las alas volé, volé muy alto.

Pero no me sacaste del abismo. Tu corazón lo iluminó todo,

y pude contemplar que no era un abismo, sino un Paraíso,
Que mi sensación de caída era el último velo arrancado 
de mi alma, el más doloroso, el invisible,
Y que nunca había dejado nuestro Hogar, que todo era
una ilusión, un sueño, una pesadilla…
Y ahí estabas tu, mi Amor, como siempre…y para siempre.


CORAZÓN INTRÉPIDO

Poesía mística

Jesús no vino del mundo de «los cielos».

Vino del propio fondo de las almas;

de donde anida el yo: de las regiones

internas del Espíritu.

¿Por qué buscarle encima de las nubes?

Las nubes no son el trono de los dioses.

¿Por qué buscarle en los candentes astros?

Llamas son como el sol que nos alumbra,

orbes, de gases inflamados… Llamas

nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas?

Globos son como el nuestro, iluminados

por una estrella en cuyo torno giran.

Jesús vino de donde

vienen los pensamientos más profundos

y el más remoto instinto.

No descendió: emergió del océano

sin fin del subconsciente;

volvió a él, y ahí está, sereno y puro.

Era y es un eón. El que se adentra

osado en el abismo

sin playas de sí mismo,

con la luz del amor, ese le encuentra.

Amado Nérvo