LO QUE ERES NO NECESITA SER DEFENDIDO

¿Te sería posible escuchar críticas, incluso insultos, y encontrar la profunda aceptación de cualquier respuesta interna que surja en el momento – establecido en el imperturbable entendimiento de que lo que realmente eres no necesita ser defendido? Y después, al estar radicalmente abierto, ¿sería posible que encontraras una pepita de verdad en lo que te están diciendo, incluso si resulta en una humillación momentánea, y en la destrucción de la imagen de quien creías ser?

Con esto no quiero decir que te conviertas en pasivo o débil. Todo lo contrario. Significa más bien que te dejes de identificar como ‘la víctima’ o ‘el agredido’, y que dejes de mirar al otro como ‘el enemigo’, y te mantengas abierto e inmenso, como la infinita capacidad para toda la vida, para todo pensamiento, sensación y sentimiento. Y aquí, en medio del conflicto, descubras el lugar en donde termina el mismo conflicto, y despiertes a un amor y a una comprensión más allá de la razón.

Sí, cada relación es una constante invitación para dejar ir. Tu madre, tu padre, tus amigos, tus amantes, tus compañeros de trabajo, cualquier persona con quien te encuentres – aquí están tus gurús finales, tus más grandes maestros. Escúchalos.

– Jeff Foster

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EL DON

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EL DON

Hay un innegable sentido de ser aquí, una sensación de “Yo Soy” que no ha cambiado desde que estás vivo. Eres como un océano intemporal que ha seguido siendo sí mismo, a pesar de todas las olas de pensamiento y emociones que han ido y venido.

Con dulzura dirige tu atención ahora a esta eterna, infinita e íntima sensación de ser tú. Una vez más, cuando digo ‘tú’ no me estoy refiriendo a los pensamientos, los juicios, las imágenes de ti mismo que vienen y van. No me refiero a los recuerdos de tu pasado, o a los pensamientos acerca de tu futuro. No me refiero a todas las sensaciones en tu cuerpo. Estoy dirigiendo tu atención a algo que es anterior a todo eso, hacia algo mucho más profundo, más primario, más antiguo; al sentido de sólo ser tú, al inmutable fondo que acoge la experiencia.

Estoy señalando un profundo sentido de presencia, una sensación de estar despierto y vivo, un conocer profundo y permanente siempre presente, independientemente de lo que haya sucedido en la historia de tu vida. No estoy hablando de un yo superior, o de un yo despierto, ni de ninguna clase de yo – estoy hablando del sentimiento ordinario de ser tú. Es tan simple, tan común y corriente que, de hecho, seguramente lo has pasado por alto toda tu vida, buscando algo más…

– Jeff Foster

(Imagen: Unsplash)

EL SOSIEGO Y LA EMPATÍA EN UN MUNDO APRESURADO

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EL SOSIEGO Y LA EMPATÍA EN UN MUNDO APRESURADO

A veces miro este mundo y a través de mí se mueve una inmensa y muy antigua tristeza.

Todo es tan exageradamente rápido aquí.

Me siento como alienígena, a menudo.

Un alienígena lento, atento, presente.

Veo a la gente correr de una experiencia a la otra, apenas deteniéndose para contemplar el maldito milagro de su existencia. Casi nunca regalándose el tiempo para que la maravilla irrumpa. Pasando por los días sin siquiera decir la verdad o sentir sus sentimientos.

Huyendo de ellos mismos. Apresurándose hacia futuros imaginarios. Tan embelesados por el ‘allá’ que olvidan el milagro de aquí. Tan identificados con el ‘hacer’ que lo más preciado se pierde. Ser. La vida misma.

Cómodos. Populares. Fabulosos y exitosos, quizás. En el camino hacia un mejor y más excitante mañana. Sin embargo tan asustados de ir más despacio. Temerosos de descansar profundamente. Aterrados de hacer un alto y dar la bienvenida a todo lo que acecha desde lo profundo. Los miedos reprimidos. Las ansiedades. Los anhelos de la infancia no metabolizados. Vidas no vividas, potenciales no cumplidos, verdades no expresadas.

Amando la luz, pero con miedo de tocar la oscuridad.

Abandonando el amor cósmico que fue escondido con el fin de sobrevivir.

Olvidando la alegría natural que se aplastó para poder convertirse en “adultos”.

Despreciando la vitalidad juguetona, que tuvo que ser apagada para poder ‘encajar’.

Y ahora, conformes con los placeres superficiales. Con el éxito. La Popularidad. Las apariencias. Los logros. Las cosas que importan, pero que realmente nada importan a final de cuentas.

Satisfechos con una versión limitada y condicional de felicidad. Esa que se puede publicar en Instagram. Esa que se puede comprar y vender. Esa que tiene un opuesto.

Esa que luce bien.

Es triste ver nuestro gran potencial olvidado.

No hay nada de ‘malo’ con alguna de estas actividades inconscientes, por supuesto. No las juzgo. Amo nuestra vulnerable humanidad, y comprendo el mecanismo de vivir aprisa, y todos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo, dado nuestro condicionamiento.

Yo solía correr. Pero tuve que dejar de hacerlo. Porque el amor que buscaba nunca podría encontrarse en el futuro. Siempre estuvo aquí, enterrado en mi propio Corazón, mucho más cerca que la respiración.

Sólo deseo que todos puedan realmente encontrar el coraje para detenerse. Descansar. Romperse, si es necesario. Llorar, si lo necesitan. Y finalmente sentir el abandono, la pena, la vergüenza que inconscientemente estaba dirigiendo el espectáculo. Finalmente dejar de fingir. Finalmente sacrificar las apariencias adictivas por la verdad viva – esa verdad que asusta, desorienta y estremece.

No hay ninguna deshonra en romperse, ni en respirar a través del desastre.

El sosiego y la empatía en un mundo apresurado es un desafío, seguro. Ser sensible en un mundo que se ha vuelto loco por las ‘cosas’. Ser un amante en un mundo que ha reducido el amor a una mercancía y a un sentimiento pasajero. Estar despierto en un mundo que trata de hacerte indiferente.

Sin embargo, no puedes ser indiferente.
Porque conoces tu camino ahora.

Y tu sensibilidad
es un magnífico regalo
para este mundo apresurado.

– Jeff Foster

(Imagen: blickpixel)

Pensamiento del Dia: 12 de Marzo

Podría decirse que, al buscar lo positivo, en realidad creamos lo negativo, dado que no puede existir lo uno sin lo otro. El pensar positivo crea de hecho un pensar negativo.
Hay quienes dicen que se sienten atacados o invadidos por pensamientos negativos. Recuerda, sin embargo, que no se puede atacar lo que somos, solo la imagen de ello. Así que si alguna vez te parece que un pensamiento es negativo, si alguna vez te sientes atacado personalmente, es señal de que estás defendiendo una imagen de ti.
Cuando no defiendes ninguna imagen, todos los pensamientos tienen permiso para aflorar y desvanecerse; entonces ves que todos los pensamientos son verdad…, o, mejor dicho, que en todos los pensamientos hay verdad. Si eres sincero, puedes encontrarlo todo en ti mismo…, y entonces el pensamiento no puede ser tu enemigo. Cada uno de esos pensamientos que consideras «negativos» es en realidad un buen amigo que trata de mostrarte la falsa imagen de ti mismo que sigues intentando defender.
Es casi como si la vida, en su compasión infinita, intentara destruir cualquier imagen falsa que tengas de ti. Si te aferras a la de la belleza, lo feo llegará y tratará de destruirte. Si te aferras a la del éxito, el fracaso empezará a vapulearte hasta que veas la realidad. Es como si la vida quisiera estar en perfecto equilibrio; quiere lo bello, lo feo, no lo uno o lo otro; lo quiere todo, puesto que lo es todo. Así que quizá lo que experimentamos como un pensamiento negativo sea simplemente la vida, intentando equilibrarse. Si escuchamos de verdad al sufrimiento, siempre nos muestra aquello con lo que todavía estamos en guerra. Siempre nos muestra lo que buscamos.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

Pensamiento del Dia: 11 de Marzo

Quizá el apego a nuestras madres sea la primera expresión de esa búsqueda…, pero no es a nuestras madres a quienes estamos apegados, sino al hogar. Para la mayoría de los bebés, imagino que su madre es la primera persona que simboliza el hogar.
Me pregunto si, de un millón de maneras diferentes, lo que intentamos con nuestra búsqueda no es simplemente volver al vientre materno, al lugar de la no separación. Allí, no había separación entre el vientre y yo, no había separación entre mi madre y yo; solo había integridad, sin fuera ni dentro. Allí, no existía el «otro», es decir, todo era el vientre. Es como si el mundo entero estuviera allí, como si estuviera allí el universo entero, para cuidar de mí, para protegerme. Me sentía inmerso en un océano de amor, siempre. Era el hogar, sin ningún opuesto, ya que en él yo no conocía los conceptos de dentro y fuera. Era el océano en el que todas y cada una de las olas de experiencia se aceptaba profunda y absolutamente. Era yo mismo.
De hecho, ni siquiera estaba en el vientre; yo era el vientre. Así de completo estaba. No existíamos el vientre^ yo (dos cosas); solo existía el vientre (una cosa, todas las cosas). De manera que, en verdad, no salí del él. En mi esencia más profunda, era —y soy— el vientre. Soy la integridad que añoro.
Pero, de este lugar de completud total siempre presente y sin opuesto, parece que se me expulsó sin previo aviso. De repente, toda aquella seguridad natural desapareció. De repente, me encontré ante un mundo de objetos separados, un mundo azaroso, impredecible, un lugar donde la comodidad, la seguridad —el estar bien— podían aparecer y desaparecer en cualquier momento. Ahora estaba en un mundo donde el estar bien batallaba con el no estar bien.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).