SADHANA, UN CAMINO DE ORACIÓN.- EJERCICIO 10: EL TOQUE DE DIOS

COMTEMPLACION ANTONY

Esta es una variante piadosa de los ejercicios sobre sensaciones corporales. Te será útil si tienes ciertos reparos en llamar a estos últimos verdadera oración o contemplación.
Repite uno de los ejercicios sobre las sensaciones del cuerpo… Tómate algún tiempo para experimentar el mayor número de las sensaciones más sutiles en las diversas partes de tu cuerpo…
Ahora reflexiona: ninguna de las sensaciones que he percibido, por más tenue que sea el resultado de la reacción química, se daría si no existiese la omnipotencia de Dios… Siente la actuación del poder de Dios en la producción de cada una de las sensaciones…

Siéntele tocándote en cada una de esas sensaciones que él produce… Siente el tacto de Dios en diferentes partes de tu cuerpo: áspero, suave, placentero, doloroso…
Personas deseosas de experimentar a Dios y conscientes de que aún no lo han logrado, me preguntan con ansia cómo pueden llegar a tener esta experiencia de él. La experiencia de Dios no tiene por qué ser algo sensacional o fuera de lo corriente. Existe; sin duda, una experiencia de Dios que difiere del curso ordinario de las experiencias a las que estamos habituados: se trata del silencio profundo del que he hablado anteriormente, la oscuridad resplandeciente, el vacío que trae plenitud.
Se producen destellos, repentinos, inenarrables, de eternidad o de infinitud que nos vienen cuando menos los esperamos, en medio del juego o del trabajo.
Cuando nos hallamos ante la presencia de la belleza o del amor… tenemos la sensación de salir fuera de nosotros… Rara vez juzgamos esas experiencias como extraordinarias o fuera de lo
corriente. Apenas les prestamos atención. No las apreciamos en todo su valor y continuamos buscando la gran experiencia de Dios que transformará nuestras vidas.

En realidad, se requiere muy poco para experimentar a Dios. Basta con que nos tranquilicemos, con que alcancemos el silencio y tomemos en cuenta la sensación de nuestra mano.
Ser conscientes de las sensaciones que se dan en nuestra mano… Ahí está Dios, viviendo y actuando en ti, tocándote, intensamente próximo a ti… Siéntelo… Experiméntalo…
Muchas personas consideran estas experiencias como algo carente de significación. Sin duda que sentir a Dios es algo más que la simple constatación de las sensaciones de nuestra mano derecha. Hay personas que, como los judíos, clavan sus ojos en el futuro esperando la venida de un Mesías glorioso, sensacional, mientras que el Mesías auténtico se encontraba entre ellos, en la forma de un hombre llamado Jesús de Nazaret.

Olvidamos con demasiada facilidad que una de las lecciones más grandiosas de la encarnación es que Dios se encuentra en las cosas ordinarias. ¿Deseas ver a Dios? Mira el rostro de la persona que se encuentra junto a ti. ¿Quieres escucharlo? Presta atención al llanto de un niño, al tumulto de una fiesta, al viento que susurra en los árboles. ¿Quieres sentirlo? Extiende tu mano y siente su caricia. O toca la silla en la que estás sentado o el libro que lees. O haz la calma dentro de ti y percibe las sensaciones de tu cuerpo, siente actuar en ti todo su poder sin límite y experimenta cuán próximo está de ti. Emmanuel. Dios con nosotros.

ANTHONY DE MELLO

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SADHANA, UN CAMINO DE ORACIÓN.- EJERCICIO 9: ORACIÓN DEL CUERPO

COMTEMPLACION ANTONY

Presento aquí otra variante piadosa de los ejercicios de sensaciones corporales.
Ante todo, tranquilízate por medio de la percepción de sensaciones en las diversas partes de tu cuerpo… Agudiza esta toma de conciencia recogiendo incluso las sensaciones más sutiles, no sólo
las más crasas y evidentes…
Ahora, muy suavemente, menea tus manos y dedos de manera que lleguen a descansar sobre tu regazo, las palmas hacia arriba,” los dedos juntos… El movimiento debe ser muy, muy lento… imitando la apertura de los pétalos de la flor… Y mientras realizas este movimiento, hazte consciente de cada una de sus partes…
Una vez que tus manos reposen en tu regazo, las palmas hacia arriba, percibe las sensaciones de las palmas… A continuación conciencia el gesto: es un gesto de orar a Dios, común a la mayoría
de las culturas y religiones. ¿Qué significado tiene este gesto para ti? ¿Qué quieres decir a Dios por medio de él? Exprésalo sin palabras, únicamente identificándote con él…

Esta forma de comunicación no verbal que acabas de hacer se puede practicar en grupo y no requiere cambio alguno importante en la postura. Quizás te conceda saborear, en alguna medida, el tipo de oración que puedes practicar con tu cuerpo.
Presento a continuación algunos ejercicios que puedes realizar en la intimidad de tu habitación, donde puedes expresarte a tus anchas con tu cuerpo sin las dificultades de ser visto por otros.
Colócate de pie, erguido, con las manos colgando, relajadas, a los lados de tu cuerpo. Toma conciencia de que te hallas en la presencia de Dios…
A continuación, trata de encontrar alguna manera de expresarle, por medio de gestos, los sentimientos siguientes: « ¡Dios mío, me ofrezco enteramente a ti!»… Realiza este gesto muy lentamente (recuerda los pétalos de una flor que se abre), consciente plenamente de tus movimientos y asegurándote de que expresen tus sentimientos…
He aquí una manera de expresar la actitud de entrega: levanta las manos muy lentamente hasta que las tengas estiradas perfectamente delante de ti, los brazos paralelos al pavimento… Ahora gira
lentamente tus manos de forma que las palmas miren hacia el techo, los dedos juntos y estirados…
A continuación, eleva lentamente la cabeza hasta que te encuentres mirando al cielo… Si tienes los ojos cerrados, ábrelos con idéntica lentitud… Mira fijamente a Dios…

Mantén esta postura durante un minuto… A continuación, deja caer lentamente las manos hasta que recobren su posición inicial, flexiona la cabeza hacia adelante hasta que mire al horizonte.
Cesa por un momento en la oración de ofrecimiento que has realizado sin palabras… y comienza de nuevo el rito… Realízalo tres o cuatro veces… o tantas cuantas te inspire la devoción…
Una alternativa al gesto que te he sugerido para expresar entrega: levanta tus manos como te he sugerido anteriormente, vuelve las palmas hacia arriba, los dedos juntos y estirados… A continuación junta las palmas de la mano formando un cáliz o copa… Acerca lentamente esa copa hacia tu pecho… Levanta lentamente tu cabeza hacia el cielo como he indicado antes… Mantén esta postura durante un minuto.

Otro modelo, éste para expresar deseo de Dios, saludo a él o a toda la creación: Levanta las manos y los brazos hasta estirados totalmente delante de ti, paralelos al pavimento… Ahora ábrelos semejando un abrazo…

Mira amorosamente hacia el horizonte…
Mantén esta postura durante un minuto; después vuelve a recobrar la posición inicial; descansa por un momento de hacer la oración que has realizado. Después repite el gesto tantas veces como quieras o tenga sentido para ti…
Los gestos que te he sugerido en el ejercicio son simples modelos. Trata de inventar tus propios gestos para expresar amor… alabanza… adoración…
O expresa algo que desees decir a Dios… Hazlo despacio y con la mayor gracia posible, de manera que se convierta en un movimiento lento de danza ritual…
Si te sientes desamparado e incapaz de hacer oración. si te encuentras sin recursos, expresa todo esto despojándote de tus ropas, postrándote en el suelo y extendiendo tus brazos en forma de
cruz… esperando que Dios derrame sus gracias sobre tu forma postrada…
Cuando oras con el cuerpo das poder y cuerpo a tu oración. Esto es particularmente necesario cuando te sientes incapaz de hacer oración, cuando tu mente se distrae, tu corazón se vuelve de piedra y tu espíritu parece muerto. Trata entonces de permanecer delante de Dios en posición muy devota, con las manos juntas delante de tu pecho, los ojos vueltos hacia él en mirada suplicante…
Algo de la devoción que expresas por medio de tu cuerpo se filtrará en tu espíritu y, probablemente, después de unos momentos te resultará más sencillo hacer oración.

Algunas personas encuentran, a veces, dificultades en la oración porque no aciertan a implicar a su cuerpo en ella; no saben introducir sus cuerpos en el templo santo de Dios. Dices estar de pie o sentado ante la presencia del Señor Resucitado pero en realidad estás derrengado en tu asiento o permaneces de pie en posición desaliñada… A todas luces, no estás aún poseído por la presencia amorosa del Señor. Si estuvieses plenamente pendiente de él lo notaríamos en tu cuerpo.
Quiero terminar este capítulo con otro ejercicio que puedes practicar en grupo, al igual que el ejercicio relacionado con las palmas de tus manos.
Cierra los ojos. Logra la calma por medio de uno de los ejercicios de conscienciación…
Ahora levanta lentamente tu rostro hacia Dios… Mantén los ojos cerrados… ¿Qué estás expresando a Dios a través de tu rostro vuelto hacia él? Permanece con ese sentimiento o comunicación durante algunos momentos… Después percibe con la mayor agudeza posible, la posición de tu rostro… la sensación de tu rostro…
Pasados unos momentos pregúntate a ti mismo qué estás expresando a Dios por medio de tu rostro levantado y permanece así algunos instantes…

ANTHONY DE MELLO

SADHANA, UN CAMINO DE ORACIÓN.- EJERCICIO 8: QUIETUD

COMTEMPLACION ANTONY

Este es un ejercicio para lograr la quietud.

Dice el Señor: «Permaneced tranquilos y saber que yo soy Dios”. El hombre moderno es, por desgracia, presa de una tensión nerviosa que le impide permanecer tranquilo. Si desea aprender a orar, tendrá que esforzarse previamente por estar tranquilo, por acallar sus tensiones. De hecho, la quietud verdadera y el silencio se convierten frecuentemente en oración cuando Dios se manifiesta en el ropaje del silencio.
Repite el ejercicio de hacerte consciente de las sensaciones de tu cuerpo. Sólo por una vez recorre todo tu cuerpo, comenzando por la coronilla hasta las puntas de los dedos de los pies, sin omitir parte alguna de tu cuerpo…
Consciencia todas las sensaciones que se producen en cada una de las partes… Quizás adviertas que alguna de las partes de tu cuerpo carece por completo de sensaciones… Detente en ella durante algunos segundos… Si no emerge sensación alguna, pasa a otra parte…

Cuando adquieras práctica en este ejercicio, agudizarás de tal manera tu percepción, que no existirá parte alguna de tu cuerpo en la que no experimentes muchas sensaciones… Por el momento tendrás que conformarte con permanecer en el vacío y pasar a otras partes en las que percibas más sensaciones…

Pasa lentamente de la cabeza a los pies… y de nuevo de la cabeza a los pies… y así
durante unos quince minutos…
A medida que se agudice tu percepción, experimentarás sensaciones que anteriormente no habías advertido… captarás también sensaciones extremamente sutiles, tan sutiles que pueden ser percibidas únicamente por una persona dotada de concentración y paz profundas.
Experimenta tu cuerpo como un todo… Siente la totalidad de tu cuerpo como una masa dotada de diversos tipos de sensaciones… Permanece en este ejercicio durante unos momentos y vuelve después a tener en cuenta cada una de las partes, desde la cabeza hasta los pies… A continuación, vuelve de nuevo a percibir tu cuerpo como un todo…

Advierte ahora la quietud profunda que te ha invadido. Observa la calma perfecta de tu cuerpo… Cuida, sin embargo, de no recrearte en la calma hasta el punto de que no percibas tu cuerpo…
Si adviertes que te acosa la distracción, imponte la tarea de pasar de nuevo desde la cabeza hasta los pies teniendo en cuenta las sensaciones de cada una de las partes de tu cuerpo… Acto seguido presta atención a la quietud que reina en todo tu cuerpo… Si realizas este ejercicio en grupo, presta atención al silencio que reina en la sala…
Es de suma importancia que no muevas parte alguna de tu cuerpo mientras realizas este ejercicio.

Al principio te costará trabajo conseguirlo, pero cada vez que te sientas impulsado a moverte, a rascarte, a agitarte, experimenta este impulso… No cedas a la tentación; limítate a percibido con la mayor nitidez posible…
Desaparecerá gradualmente y recobrarás de nuevo la calma…
A muchas personas les resulta extremadamente penoso permanecer tranquilos.

Les resulta incluso físicamente penoso. Cuando te sientas tenso, dedica todo el tiempo que sea preciso a hacerte consciente de la tensión nerviosa dónde la sientes, qué características presenta… y mantente ahí hasta que  desaparezca la tensión.

Quizás llegues a sentir dolor físico.

Por más cómoda que sea la postura que adoptes para este ejercicio, tu cuerpo protestará, probablemente, contra la inmovilidad desarrollando dolores físicos intensos y fatiga en diversas partes. Cuando suceda esto, resiste a la tentación de mover tus miembros o de cambiar de postura para mitigar la fatiga. Limítate a percibir la fatiga.
Durante un retiro budista se nos pidió que permaneciésemos por una hora entera sin cambiar de postura ni movernos. Me senté con las piernas cruzadas y el dolor en mis rodillas y espalda se hizo tan intenso que resultaba inaguantable.

No recuerdo haber padecido un dolor físico tan intenso en ningún otro momento de mi vida. Se suponía que durante esa hora percibiríamos las sensaciones de nuestro cuerpo, pasando de una parte del cuerpo a otra. Mi atención quedó absorbida totalmente por el dolor agudo que sentía en las rodillas. Sudaba. Pensé desfallecer a causa del dolor, hasta que decidí no luchar contra él, no escapar de él, no desear aliviado, sino concienciado, identificarme con él. Traté de descomponer los ingredientes del dolor y  descubrí, para sorpresa mía, que estaba
compuesto de muchas sensaciones, no sólo de una: ardores intensos, tirones, una sensación de descargas intensas que aparecía y se iba, para emerger de nuevo… y un punto que se desplazaba de un lugar a otro. Identifiqué este punto como dolor.

Cuando me decidí a  mantener este ejercicio me sorprendí de que podía aguantar bastante bien el dolor; incluso fui capaz de conscienciar otras
sensaciones que se producían en diversas partes de mi cuerpo. Por primera vez en mi vida experimenté dolor sin sufrir.

Si no haces este ejercicio con las piernas cruzadas es probable que sientas menos dolor que el experimentado por mí. De cualquier manera, al principio sentirás inevitablemente alguna molestia hasta que tu cuerpo se acostumbre a permanecer en calma perfecta. Combate el dolor haciéndote consciente de él.

Y cuando, por fin, tu cuerpo consiga la quietud, sentirás una rica recompensa en el arrobamiento que te traerá esa quietud.
La tentación de rascarse es muy frecuente en los principiantes. Eso proviene de que, a medida que se hace más aguda la percepción de las sensaciones del cuerpo, comienzan a percatarse de la picazón y de sensaciones punzantes, presentes siempre en el cuerpo pero ocultas a la consciencia a causa del endurecimiento psico-físico al que la mayoría de nosotros sometemos a nuestro cuerpo y debido a la crasitud de nuestra sensibilidad. Mientras atraviesas este estadio de picazón, deberás permanecer en perfecta calma, conscienciar cada una de las sensaciones de picazón y permanecer en esta toma de conciencia hasta que desaparezca, resistiendo a la tentación de combatirla rascándote.

ANTHONY DE MELLO

13 Libros de Louise Hay